Dresde, el Silicon Valley de Alemania, en pie de lucha

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Wolfgang Leiberg, director de desarrollo en Infineon muestra un wafer.

Wolfgang Leiberg, director de desarrollo en Infineon muestra un wafer.

Hay lugares en donde hasta la persona más pulcra está llena de suciedad, uno de esos lugares es la empresa Infineon in Dresde. No cualquiera puede entrar, tan sólo por el secretismo que rodea la producción en este sector punta. Pero además para evitar una posible contaminación. Toda persona que entra a la fábrica tiene que quitarse hasta la ropa interior, tiene que librarse de todo maquillaje y joyería y ponerse un traje y zapatos especiales.

Al pasar a la siguiente habitación al visitante le espera otro traje que debe ponerse encima, un gorro, tapabocas, guantes y botas de plástico. Posteriormente se debe pasar por una especie de esclusa de aire, donde hay que levantar los brazos para que el viento se lleve lo que quede de polvo.

Hasta que por fin se llega a lo más cuidado: la habitación esterilizada. Como si fuera una película de ciencia ficción aquí hay sólo robots y computadoras. Seres humanos hay muy pocos, entre ellos Johannes Sturm, portavoz de Infineon, quien durante años ha trabajado en la producción.

Aire que limpia todo

Abeja con chip en la feria de Hannover.

Abeja con chip en la feria de Hannover.

“Esta habitación esterilizada es constantemente purificada, en el transcurso de tres a cuatro segundos se renueva regularmente el aire, de lo que no se percata uno, porque el aire fluye de manera homogénea. Hace poco logró colarse una mosca, pero no pudo ni volar porque desapareció enseguida”, afirma Sturm.

Tanto esfuerzo obedece a que lo que aquí se produce es sumamente vulnerable: semiconductores. Muchos de ellos son quemados sobre un disco de un milímetro de grueso del tamaño de un plato de cocina. Son los llamados wafer, generalmente de silicón.

“En cuanto la partícula más pequeña se incrusta en los delgados wafer, ya se ha dañado el chip. Por ello el arte consiste en mantener una estrecha vigilancia de los wafer, para que nada se pegue y eso significa un enorme esfuerzo”, añade Sturm.

Frente a los pabellones de Infineon se encuentran las instalaciones purificadas del productor de chips Qimonda, una filial de Infineon. El equipo no han sido desmontado, aunque Qimonda se declaró en insolvencia desde enero. La búsqueda de un nuevo inversionista fue vana, lo que ha dado paso a temores de que se acerca el fin del desarrollo de la microelectrónica en Dresde.

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